Entrevista a Simeón García-Nieto Conde

La Asociación Numismática Española (A.N.E.) es una de las instituciones más prestigiosas dedicadas al estudio y la promoción de la numismática en el ámbito hispano. Al frente de la entidad se encuentra Simeón García-Nieto Conde, coleccionista apasionado y firme defensor de la divulgación cultural. En esta entrevista comparte sus inicios, su visión sobre el presente y futuro del coleccionismo y los retos que afronta la ANE en el siglo XXI.

—Señor García-Nieto, ¿Cómo comenzó su interés por la numismática? ¿Recuerda cuál fue la primera pieza o experiencia que despertó su curiosidad?

Mi interés por la numismática surgió desde pequeño, ya que nací en una familia apasionada por el coleccionismo. Soy nieto de Javier Conde Garriga, uno de los fundadores de la ANE, por lo que desde muy joven tuve contacto con este mundo. En casa se fomentaba coleccionar sellos, monedas o cromos como una forma de aprovechar el tiempo, y tanto mi abuelo como mi padre eran aficionados.

Mi padre prefería la filatelia y, un día, me sugirió que me dedicara a los sellos. Le respondí: «No, es que los sellos son cromos y me gustan más las monedas». Desde entonces, la numismática fue mi camino.

—Con el paso del tiempo, ¿Cómo ha evolucionado su forma de coleccionar?

Como todo en la vida, mi manera de coleccionar ha cambiado. Al principio reunía monedas en circulación; se empieza con lo que pasa por las manos. Recuerdo que, buscando monedas de curso legal, descubrí que a veces se usaban para nivelar muebles, colocándolas bajo las patas: así encontré algunas piezas. También revisaba las monedas de mis abuelos; aunque muchas estaban en mal estado, para mí eran auténticos tesoros.

—¿En qué áreas se centra actualmente su colección? ¿Qué criterios sigue al incorporar nuevas piezas? Y cuéntenos el secreto de sus billetes de Bilbao.

Mi abuelo era un gran aficionado a las monedas antiguas de España, con especial cariño por Ampurias y Rosas, y esa herencia marcó mi colección. Su pasión por el mundo íbero era tal que enseñó a sus hijos el alfabeto íbero para comunicarse entre ellos. Años después, al mudarse mi abuela, encontré cuadernos suyos con anotaciones, alfabetos e inscripciones: un legado que consolidó mi vocación.

A la hora de seleccionar piezas, además de ampliar, busco mejorar la calidad. No se puede abarcar todo, por lo que la elección es esencial. A veces surgen nuevos focos por razones personales o geográficas: por ejemplo, al veranear en Camprodón me interesé por los billetes y monedas de la localidad. También he desarrollado proyectos expositivos, como una muestra sobre monedas y medallas inglesas de la batalla de Rande o sobre errores de impresión en billetes del Banco de España.

Respecto a los billetes de Bilbao de 1937, los conocidos como «eliodoros», poseo uno de los cinco álbumes confeccionados por su diseñador, Nicolás Martínez Ortiz de Zárate. La investigación de su historia —y su vínculo con mi familia— ha sido una de las mayores satisfacciones de mi trayectoria.

—¿Qué distingue al coleccionista del mero acumulador? ¿Dónde reside el valor cultural y humano del coleccionismo?

Para el verdadero coleccionista, el conocimiento y la satisfacción personal son esenciales. Cada pieza posee un valor que no siempre es económico: puede ser la primera adquirida, aquella por la que se ahorró durante meses o la conseguida en circunstancias especiales. La moneda contiene su propia historia y, además, la del coleccionista.

—¿Cómo se produjo su vínculo con la Asociación Numismática Española y su llegada a la presidencia?

Mi relación con la ANE es natural: mi abuelo fue uno de sus fundadores y, en su honor, la asociación creó un premio anual a trabajos relevantes sobre moneda hispana. Mi padre fue vicepresidente y mi tío, Ramón Martí Cot, presidente. Tras el fallecimiento de mi padre, Josep Pellicer me pidió incorporarme a la junta como secretario. Antes de morir, me dijo: «Te encomiendo la ANE». Le respondí: «No la dejaré abandonada».

—¿Qué balance hace de su gestión y cuáles son los principales retos actuales?

La numismática vive un momento de expansión. Gracias a la tecnología y las redes sociales, hoy es posible identificar piezas, contactar con coleccionistas y acceder a subastas de todo el mundo. En España, más del 60 % de las monedas subastadas se venden al extranjero, reflejo de la globalización del mercado.

El reto es adaptarse a este entorno: aprovechar la digitalización sin perder la esencia. Las nuevas herramientas permiten analizar monedas en 3D, conocer su composición y estudiar cada detalle. Sin embargo, debemos reflexionar también sobre la conservación: ¿Qué sentido tiene almacenar miles de piezas idénticas sin posibilidad de restaurarlas o mostrarlas? Es necesario repensar los modelos de preservación y difusión del patrimonio.

—¿Cómo acercar la numismática al público general y a las nuevas generaciones?

La clave está en la divulgación: usar redes sociales, plataformas digitales y proyectos educativos que hagan accesible el conocimiento. Hoy cualquier persona puede consultar catálogos, participar en foros o asistir virtualmente a subastas. Este nuevo ecosistema amplía el perfil del coleccionista.

—¿Qué papel jugará la digitalización en el futuro del coleccionismo?

La digitalización aporta ventajas indudables, pero existe el riesgo de que la pieza pierda su «vida propia». El coleccionista necesita tocarla, observarla, sentirla. En muchos museos, las monedas permanecen almacenadas sin volver a ver la luz. Por ello, es fundamental preservar el contacto directo con los objetos y mantener vivo el espíritu del coleccionismo.

—Para terminar, ¿Qué objetivos se marca como presidente de la ANE?

La ANE debe evolucionar con los tiempos. Aspiramos a que las asociaciones culturales tengan un papel activo en la conservación del patrimonio, junto a museos y entidades públicas. Las monedas forman parte de nuestra historia: debemos conservarlas, cuidarlas y engrandecerlas.

Agradezco esta oportunidad a la Taberna de la Numismática. Siempre estaremos dispuestos a colaborar, tanto a nivel personal como institucional.

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